El ingrediente de la esperanza: la receta de Neila para emprender en Colombia
Primer paso: empezar con un poco menos de lo indispensable
Neila tiene 36 años y vive en Santa Marta, Colombia con su esposo y sus tres hijos. Es de Venezuela y llegó a Colombia en septiembre de 2017, buscando un lugar seguro para empezar desde cero. Su llegada estuvo marcada por la incertidumbre y la urgencia de resolver sus necesidades más básicas. Como muchas otras familias, dejó todo atrás en su país con la esperanza de construir un futuro mejor en un nuevo lugar.
“Cuando llegamos, llegamos solo con la ropa y con la idea de comenzar desde cero”, dijo
La base de la receta: un saber aprendido en casa
Antes de llegar al país, Neila ya sabía preparar tortas. Aprendió en su casa, guiada por una tradición familiar que había sido transmitida por generaciones. “En mi pueblo siempre había una torta, pan o galletas para compartir”, mencionó.
Cuando llegó al país, tuvo que trabajar en distintos locales y almacenes para sostener a su familia. Con el tiempo, un solo ingreso dejó de ser suficiente para cubrir el arriendo y los servicios. Entonces, aquello que había aprendido en su hogar dejó de ser solo un recuerdo: su talento en la repostería se convirtió en una oportunidad para emprender y en una nueva forma de garantizar el sustento de su familia.
Neila iniciando la preparación de sus tortas con una receta heredada de su madre y su abuela.
Neyla iniciando la preparación de sus tortas con una receta heredada de su madre y su abuela.
Neila iniciando la preparación de sus tortas con una receta heredada de su madre y su abuela.
Neila iniciando la preparación de sus tortas con una receta heredada de su madre y su abuela
El esfuerzo: trabajar todos los días para sostenerse
Neila comenzó horneando tortas y vendiéndolas por porciones en su barrio. Mes a mes, su esfuerzo y constancia transformó esa iniciativa en un emprendimiento de repostería que hoy combina sabores venezolanos y colombianos: Daryas Bakery.
Para ella, emprender no es solo producir es mantenerse, organizar y seguir adelante. Cada día enciende el horno y prepara los insumos para sus tortas, galletas, muffins y marquesas con un propósito claro: hacer crecer su negocio y dar a conocer sus productos y su cultura gastronómica en la ciudad.
Una mesa le sirve para mezclar y organizar las recetas; en su cocina tiene el horno, la batidora y los utensilios que necesita para trabajar. Sabe que su emprendimiento no nació de un plan perfecto, sino de la necesidad y de lo que había aprendido a hacer con sus propias manos.
Sin horarios fijos, sin distinguir fines de semana ni festivos, organiza su jornada según los pedidos que recibe. Entre recetas y entregas, avanza paso a paso.
Hoy, en sabores que mezclan dos países, prepara tortas de corozo, tortas de tres leches y quesillos, y demuestra que empezar de nuevo también puede tomar forma en una cocina.
Ajustar lo necesario: aprender para no retroceder
En el camino, Neila participa en los procesos de formación y acompañamiento del programa ADN Dignidad -un programa que brinda asistencia humanitaria a la población desplazada, refugiada y migrante para que accedan a bienes y servicios que contribuyan a aliviar sus necesidades y promuevan su integración en la sociedad- el cual le brindó herramientas para fortalecer su emprendimiento. Uno de los aprendizajes más importantes que recuerda fue entender los costos y la administración del negocio.
“Muchas veces uno cobra sin saber si realmente está ganando”, mencionó.
Para ella, la diferencia estuvo en el apoyo integral brindado. Más allá de recibir capacitaciones y acompañamiento, también recibió apoyo económico. Adquirió una batidora, exhibidor de tortas, utensilios de decoración y otros elementos de cocina esenciales para su negocio. Gracias a esto, no solo fortaleció sus capacidades técnicas, sino que también aprendió a manejar herramientas productivas que antes le eran ajenas.
Este nuevo conocimiento no solo dignificó su labor, sino que elevó la calidad y la presentación de sus productos, brindándole la confianza necesaria para competir con éxito en el mercado local y asegurar el sustento de su hogar.
Neila mostrando uno de los moldes que utiliza para preparar sus tortas, adquirido gracias al programa ADN Dignidad.
Neila mostrando uno de los moldes que utiliza para preparar sus tortas, adquirido gracias al programa ADN Dignidad.
Neila preparando la mezcla base de sus tortas con la receta que ha perfeccionado con el tiempo.
Neila preparando la mezcla base de sus tortas con la receta que ha perfeccionado con el tiempo.
El resultado: estabilidad que se construye en lo cotidiano
Hoy, los ingresos del emprendimiento aportan directamente a la economía del hogar. Mientras su esposo cubre el arriendo, Neila asume los servicios, las meriendas escolares y otros gastos esenciales que sostienen la vida cotidiana de la familia.
“Gracias al emprendimiento puedo cubrir los servicios, las cosas del colegio y otras necesidades del hogar”.
Este aporte le permite a la familia distribuir mejor sus ingresos y reducir la presión económica del día a día. Para Neila, significa poder responder a los gastos escolares, a las necesidades de sus hijos y a los costos básicos del hogar sin depender de una sola fuente de ingreso.
Para sus hijos, representa estabilidad: contar con sus meriendas, sus materiales escolares y una rutina más tranquila. Para ella, es la certeza de que su trabajo tiene un impacto real en el bienestar y el futuro de su familia.
Neila trabaja en su emprendimiento para apoyar la economía de su familia.
Neila trabaja en su emprendimiento para apoyar la economía de su familia.
Neila trabaja desde casa, comprometida con su emprendimiento y el cuidado de su hogar.
Neila trabaja desde casa, comprometida con su emprendimiento y el cuidado de su hogar.
El futuro aún está en preparación
Neila vive con su familia en un apartamento sencillo, ordenado y cuidado con esmero. Allí, en la cocina de su hogar, prepara cada uno de sus productos y también los alimentos de su familia. Es un espacio amplio, limpio y organizado, donde conviven los hornos y las mesas de trabajo con la vida cotidiana de su familia.
Aunque aún duermen sobre colchones y han ido consiguiendo poco a poco los elementos necesarios para su hogar, cada rincón refleja dedicación y constancia. Ese mismo cuidado lo pone en su trabajo: limpiar, ordenar, medir, hornear. Desde ese espacio, sostiene su emprendimiento y aporta a la estabilidad de su familia.
Los sueños de Neila siguen en construcción. Anhela una vivienda propia que sea un lugar seguro y estable para su familia, y sueña con abrir un local físico donde su emprendimiento pueda crecer y generar empleo.
Cada receta es también una decisión por avanzar, ahorrar y sostener el camino que ha trazado para ella y sus hijos. “Quiero que el negocio crezca y que algún día pueda dar trabajo a otras personas”.
Historias como la de Neila demuestran que fortalecer capacidades y acompañar emprendimientos no solo impulsa un negocio, sino que abre oportunidades reales, fortalece la autonomía y permite que las personas transformen su presente y proyecten un futuro con dignidad. Porque cuando el esfuerzo se encuentra con apoyo, las metas se cumplen.
Neila junto a sus hijos, su mayor motivación para emprender.
Neila junto a sus hijos, su mayor motivación para emprender.




