





En ese año, la estatal Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) recibió cifras históricas de solicitudes y, desde entonces, las filas comenzaban a alargarse y los tiempos de respuesta a demorarse.
En El Salvador, vivía entre amenazas y vigilancia. “A algunos de mis amigos se los llevaron y a mí me habían querido llevar”, cuenta Kevin.
Salir del país fue la única opción. También nos contó que es punk y que sus tatuajes están ligados a esa identidad. Fue ingenioso para salir del país: se mezcló entre un grupo de jóvenes punk que viajaban hacia a un festival, aprovechando que compartían estética y afinidad.
El trayecto también fue difícil. Después de cruzar por Guatemala, Kevin pasó por decenas de retenes. “En el camión que yo venía, pasé como unos 50 retenes… te preguntan de dónde eres”, dice. Vio cómo transportistas coordinaban señales con migración: “Como que se comunican con las luces… les dan dinero”. En algunas zonas tuvo que pagar cuotas a grupos criminales: “Pagas una cuota también para subirte al tren… si no, te avientan”.
Al llegar a Ciudad de México no conocía el proceso para solicitar la condición de refugiado en México, pero entonces el proceso con la COMAR era menos tardado. “El trato estuvo bien… había mucha gente, pero todo estuvo chido [bonito] de parte de COMAR”, relata, ya usando palabras mexicanas.
Presentó su solicitud, asistió a su entrevista y, un año después, fue reconocido como refugiado, lo que le daba derecho a obtener la residencia permanente. Antes de esa resolución contaba con una tarjeta temporal que le permitía trabajar formalmente y debía protegerlo de detenciones y deportación.
Pensó que por fin había llegado a un punto de estabilidad. Que podría trabajar, integrarse y seguir adelante. Pero la vida en México pronto se volvió más difícil de lo que imaginó.
Tras su reconocimiento como refugiado y debido a retrasos por parte de las autoridades migratorias, tuvieron que pasar cinco meses para que le entregaran su residencia permanente. Durante ese tiempo, tuvo que devolver la tarjeta temporal y quedó completamente sin documentos, sin manera de probar su situación regular en México y sin posibilidad de acceder a un empleo formal.

La primera pérdida ocurrió por abuso de autoridad. Kevin había viajado a otra ciudad buscando trabajo. Agotado por el viaje, se quedó dormido en una banca. “Cuando desperté, llegaron varios policías en bicicleta… me agarraron la mochila, me quitaron mis documentos, todo”. Intentó mostrar su permiso de residencia, pero no se lo devolvieron.
Denunció el abuso ante las autoridades locales, pero por miedo a represalias decidió regresar a la Ciudad de México. Reponer sus documentos tomó meses. Cuando por fin los obtuvo y había conseguido un nuevo empleo, ocurrió lo impensable: lo volvieron a robar.
“Me asaltaron… llegaron en motonetas, me pegaron, me dejaron tirado”, recuerda. Además de perder de nuevo su documentación, el personal de salud no quiso darle incapacidad a pesar de sus fracturas. Su empleador lo despidió.
“En migración sí hubo más discriminación… siempre por ser refugiado,” relata Kevin. Su experiencia refleja una realidad más amplia: en México, 2 de cada 10 personas con necesidades de protección internacional entrevistadas por la Iniciativa ProLAC reportaron haber vivido situaciones de discriminación.
Al conseguir empleo formal, enfrentó otra barrera: “En el banco tuve muchos temas… no tenía pasaporte”, explica. Sin cuenta, no podían pagarle su salario. “Mi primer pago lo cobré al año siguiente porque el dinero se fue a una cuenta a la que no tenía acceso”.
En el sistema de salud también enfrentó discriminación. “En el seguro social me decían: tú no eres de aquí, tú no tienes residencia permanente”. Como le habían robado sus documentos, no podía demostrar su estatus. Aunque la ley garantiza atención sin discriminación, el desconocimiento institucional lo dejaba fuera.

Kevin lo tiene claro: “Si no fuera por la ayuda legal que ustedes me brindaron, tal vez no hubiera podido obtener mis papeles… tal vez me hubiera quedado en la calle”. Y agrega: “Cuando llegas a otro país, no sabes nada… se siente bien tener a alguien que no te deje solo”.
Organizaciones socias de la Iniciativa ProLAC le ayudaron a recuperar su Documento Único de Identidad y a obtener por primera vez su pasaporte. Con ambos documentos en mano hoy puede acudir a entrevistas de trabajo. Además, le brindaron apoyo económico mientras sanaba de las fracturas, lo que evitó que terminara en situación de calle. Al momento de la entrevista, aún esperaba recuperar su residencia permanente.
A pesar del abuso policial, los robos, las fracturas y los meses sin documentos, Kevin siguió adelante. “Ha sido difícil… bien difícil. Pero también hay gente muy buena”.
Hoy piensa en el futuro. Le gusta Ciudad de México, pero considera mudarse a una ciudad turística donde pueda trabajar de mesero y aprovechar que habla inglés. En México, dice, “hay gente muy chida [buena]”, y agrega sobre su país: “Tal vez allá estuviera encerrado”.
La historia de Kevin no es lineal ni de éxito instantáneo tras obtener la condición de refugiado años atrás. Es una historia de violencias, trámites interminables y discriminación, pero también de apoyo, resistencia y esperanza.
Cierra celebrando una mezcla de identidades que ahora lo acompañan: “Que viva el punk y que viva el huapango”, dice, refiriéndose a una música y baile tradicional mexicano.
Kevin* no es su nombre real y ha sido cambiado para proteger su identidad.

Historias como la de Kevin* no solo muestran lo que viven millones de personas que buscan protección en la región; también evidencian por qué es esencial contar con información confiable y sistemática. La Iniciativa ProLAC recopila datos cualitativos y cuantitativos en 11 países de América Latina para identificar riesgos de protección, visibilizar brechas en la respuesta y generar evidencia que permita mejorar la toma de decisiones humanitarias. Al comprender lo que enfrentan las personas en cada etapa del proceso, desde la salida de sus hogares hasta su integración en un nuevo lugar, ProLAC contribuye a que organizaciones, autoridades y donantes diseñen soluciones más oportunas, coordinadas y efectivas.
ProLAC es una iniciativa regional de gestión de información creada por el Consejo Danés para Refugiados y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), con el apoyo de la Ayuda Humanitaria de la Unión Europea. ProLAC proporciona un sistema armonizado de monitoreo de riesgos de protección que enfrentan las personas forzadas a huir y aquellas afectadas por violencia en América Latina. Para más información o para consultar el panel interactivo, visite: prolac.live
Además de DRC y NRC, las siguientes organizaciones hacen parte de la Iniciativa ProLAC:
Todos nuestros servicios son gratuitos y se implementan sin intermediarios. Bajo ninguna circunstancia el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) solicita recursos económicos o favores a cambio de la prestación de sus servicios.
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