El Consejo Noruego para Refugiados (NRC por sus siglas en inglés) es una organización humanitaria independiente que ayuda a las personas que se ven obligadas a huir. Protegemos a las personas desplazadas y las apoyamos mientras construyen un nuevo futuro.

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“Salimos con lo puesto”: despojo, desaparición y huida de dos hermanas en Honduras

Verónica* tiene un poco más de 20 años. Su hermana menor es apenas una adolescente. Hasta hace poco, su vida parecía estable, vivían con su mamá en una casa propia y mantenían una rutina tranquila. “Nunca habíamos tenido problemas con nadie”, cuenta.
Por Beatriz Ochoa
Publicado 28. May 2026

Honduras


Todo cambió una noche cuando hombres armados entraron a su casa. Las obligaron a arrodillarse y les apuntaron a la cabeza. Las amenazaron, les dijeron que, si no se iban de su casa, las consecuencias serían peores. 

Esa misma noche se llevaron a su madre. “Ese fue el día uno”, cuenta Verónica. En cuanto amaneció salieron a buscarla en hospitales, en la morgue, en cualquier lugar donde pudiera haber una pista. Interpusieron denuncias por desaparición y desplazamiento forzado. 

Tenían tanto miedo de que les pasara algo a ellas también que decidieron huir.

Lo poco que pudieron llevarse

Apenas volvieron a su casa sin tiempo para preparar nada. “Salimos con un par de mudas de ropa para mí y mi hermana”, cuenta Verónica. Su hermana menor también se llevó algunas cosas de su mamá: unas sandalias, algo de ropa y una pequeña bolsa que ahora siempre lleva consigo. Todavía tenían la esperanza de encontrarla pronto. 

Pero su hogar, desde hacía tiempo, había dejado de ser seguro. Su comunidad está ahora marcada por el control de distintos grupos criminales y el despojo forzado de viviendas y tierras es una estrategia de ocupación territorial. Algunas zonas han ido quedando vacías, las familias han sido obligadas a dejar sus hogares.

Primeros días tras la huida

Entre el miedo y la incertidumbre, accedieron a apoyo humanitario brindado por un socio de la Iniciativa ProLAC, que les ofreció asistencia inmediata. “El día que entramos al refugio me sentí en confianza”, dice Verónica. “Cuando uno viene de un peligro así, siente mucha desconfianza… pero nos dijeron que no tuviéramos miedo, que nos iban a apoyar. La asistencia fue inmediata. Estábamos con mucha angustia. No teníamos ni cabeza para pensar en qué hacer”. 

La asistencia incluyó un lugar temporal seguro para dormir, alimentos y apoyo para cubrir necesidades básicas por un tiempo. En los días siguientes, también recibieron ayuda para reubicarse a otro lugar seguro, fuera de la ciudad, pero más como de medio plazo, así como asistencia para alquiler, transporte, atención médica y acompañamiento legal para intentar recuperar su propiedad en medio del despojo. 

El impacto que no se ve

El impacto emocional fue inmediato, sobre todo en la hermana menor. Dejó de comer, tenía vómitos constantes y diarrea. La angustia se volvió física. Se mordía las uñas hasta lastimarse. 

Ante la gravedad de los síntomas, fue referida a atención especializada en salud mental gracias al acompañamiento de otro actor humanitario. Al inicio, la hermana menor no quería volver a estudiar. Poco a poco, con apoyo, está cambiando de perspectiva. Ahora buscan cómo integrarla a una nueva escuela. 

En esas sesiones, ambas han empezado a procesar lo ocurrido. También han sido acompañadas para prepararse para lo más difícil: que su madre aparezca, que no aparezca o que la encuentren sin vida. 

Despojo forzado y 24 días sin ver a mamá

El caso de Verónica también es un despojo. Su familia contaba con derechos sobre su propiedad, pero perdieron documentos clave durante lluvias muy intensas. En Honduras, donde tormentas, ciclones y huracanes son frecuentes, los desastres naturales agravan aún más la vulnerabilidad. 

Sin documentos, defender un terreno y un hogar se vuelve mucho más difícil. Y en zonas donde distintos grupos buscan controlar el territorio, eso puede marcar la diferencia entre quedarse o ser desplazado. 

Al momento de la entrevista, habían pasado 24 días desde la desaparición de su madre. 

Verónica lleva la cuenta sin perder detalle. Al hablar de ella, se le aguan los ojos. “Lo que más me importa es mi mamá”, dice. La incertidumbre pesa tanto como la pérdida. 

Una noche lo cambió todo para Verónica* y su hermana menor: hombres armados llegaron a su casa, las obligaron a arrodillarse, las amenazaron y se llevaron a su madre; desde entonces, con apenas unas mudas de ropa y la esperanza de encontrarla, viven entre el miedo y la incertidumbre, intentando empezar de nuevo lejos de su hogar. Foto: Nelson Guevara / ProLAC

Una vida completamente distinta

Hoy viven en una zona rural, acogidas por familiares de la pareja de Verónica. Es un lugar muy aislado, donde sienten que hay menos peligro. “No podemos regresar,” dice. Empezar de nuevo no es fácil. Su pareja tuvo que dejar su trabajo. Las oportunidades en el campo son limitadas. Verónica piensa en vender comida o iniciar algo pequeño. “Quiero mantenerme ocupada… y que la niña también lo esté”, dice, refiriéndose a su hermana. 

El desplazamiento no termina cuando se huye, a veces es solamente el principio de una vida completamente distinta. “No es fácil. Uno creció en su hogar… pero tiene que entender que ya no se puede vivir allí. No podemos regresar”.

Una historia que no es única

Lo que vivieron Verónica y su hermana se repite más de lo que se ve. En Honduras, al menos 423,000 personas han sido desplazadas en algún momento de sus vidas dentro del país a causa de la violencia.  Entre enero y septiembre de 2025, casi 9,000 tuvieron que huir por la misma razón. 

Según datos recogidos por NRC en el marco de la iniciativa ProLAC, muchas familias enfrentan múltiples amenazas que les obliga a desplazarse y más de la mitad no denuncia por miedo a represalias. 

Aunque el país cuenta con una ley que reconoce a las personas desplazadas por la violencia, aún no ha sido reglamentada ni cuenta con presupuesto. En la práctica, la protección sigue siendo limitada. 

Para muchas personas como Verónica y su hermana, empezar de nuevo no depende solo de ellas, sino de encontrar apoyo y protección cuando más lo necesitan. 

Verónica* no es su nombre real y ha sido cambiado para proteger su identidad y la de su familia. 

Acerca de ProLAC

Historias como la de Verónica* no solo muestran lo que viven millones de personas en la región. También evidencian por qué es esencial contar con información confiable y sistemática. La Iniciativa ProLAC recopila datos cualitativos y cuantitativos en 11 países de América Latina para identificar riesgos de protección, visibilizar brechas en la respuesta y generar evidencia que permita mejorar la toma de decisiones humanitarias. Al comprender lo que enfrentan las personas en cada etapa del proceso, desde la salida de sus hogares hasta su integración en un nuevo lugar, ProLAC contribuye a que organizaciones, autoridades y donantes diseñen soluciones más oportunas, coordinadas y efectivas. 

ProLAC es una iniciativa regional de gestión de información creada por el Consejo Danés para Refugiados y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), con el apoyo de la Ayuda Humanitaria de la Unión Europea. ProLAC proporciona un sistema armonizado de monitoreo de riesgos de protección que enfrentan las personas forzadas a huir y aquellas afectadas por violencia en América Latina. Para más información o para consultar el panel interactivo, visite: prolac.live 

Socios de ProLAC

Además de DRC y NRC, las siguientes organizaciones hacen parte de la Iniciativa ProLAC:  

  • Europana y sus socios en la región, entre ellos: Caritas Pastoral Social Colombia, Servicio Jesuita a Refugiados en Venezuela, Servicio Pastoral para Migrantes en Brasil, Centro de Desarrollo Humano en Perú, Cáritas Venezuela, Cáritas Pastoral Social en Ecuador, Cáritas del Perú, Cáritas Brasileira 
  • Derechos Humanos Integrales en Acción (DHIA) en México 
  • El Comité Internacional de Rescate (IRC) en Guatemala, Venezuela y Colombia 
  • Observatorio de Investigaciones Sociales en Frontera (ODISEF) en Venezuela 
  • Misión Scalabriniana en Ecuador 
  • Encuentros Servicio Jesuita a Migrantes en Perú 
  • Fundación Madre Josefa en Chile