





Al norte de Colombia, las calles, el mar y las trochas de Necoclí, Acandí y Capurganá que conectan el Golfo de Urabá con la selva del Darién en la frontera con Panamá, han sido testigos de una de las dinámicas humanas más complejas, críticas y transformadoras de la región.
Durante la última década, esta subregión pasó de ser una ruta de paso discreta a convertirse en uno de los cuellos de botella más transitados y peligrosos del continente americano. Se calcula que, desde el año 2021 hasta junio de 2026, cerca de un millón y medio de personas refugiadas y migrantes se desplazaron a través de esta ruta.
Miles necesitaron ayuda humanitaria urgente para sobrevivir a una geografía hostil, al control de grupos armados organizados, a las extorsiones, amenazas y abusos de grupos de delincuencia organizada y al agotamiento físico extremo.

Sin embargo, hoy después de cinco años de acciones humanitarias ininterrumpidas en el territorio, el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) implementa un proceso de transición y cierre de su oficina en la subregión del Urabá.
Es fundamental que autoridades, población con necesidades humanitarias, las comunidades de acogida y los mecanismos de coordinación de ayuda humanitaria comprendan e informen que, el 31 de julio de 2026, las acciones que veníamos implementando regularmente en el territorio finalizaron. Equipos de NRC solo permanecerán en el territorio para garantizar que nuestros compromisos en obras de infraestructura terminen con éxito.
La organización evaluará el retorno de su acción humanitaria al territorio en consideración de las nuevas emergencias humanitarias que sean reportadas en el Urabá.
Reconocemos que las necesidades han cambiado, pero no desaparecido.

Las dinámicas en Urabá han sido un sismógrafo del desplazamiento continental. Cientos de miles de personas intentaron desplazarse desde el sur del continente hacia países del norte del continente en búsqueda de protección y oportunidades. Sin embargo, en esta parte del mundo no existe ninguna carretera que conecte Sudamérica y Centroamérica. Personas refugiadas y migrantes que llegaron al norte de Colombia tuvieron que cruzar rutas informales y peligrosas para llegar a Panamá, y así poder continuar su ruta hacia los países del norte de Centroamérica y Norteamérica.
Entre 2015 y 2016, los primeros flujos de personas refugiadas y migrantes hacia el centro y el norte del continente comenzaron a hacerse visibles. Entre 2017 y 2020, las rutas empezaron a ser utilizadas por un mayor número de personas en medio del deterioro de las condiciones de seguridad o socioeconómicas en varios países de la región, pero también en otros países del mundo. La gran mayoría fueron de nacionalidad venezolana. El pico de personas cruzando esta ruta se vivió entre 2021 y 2023, cuando miles de personas saturaron diariamente municipios como Necoclí y Acandí a la espera de cruzar el Tapón del Darién. Personas de cerca de 50 nacionalidades llegaron a transitar a través de estas rutas. En 2024 y 2025, el endurecimiento de las políticas migratorias, de protección y de los controles fronterizos volvió a transformar las rutas, empujando a refugiados y migrantes hacia pasos más clandestinos y vulnerables.
En el 2025 e inicios del 2026, miles de personas, que se encontraban principalmente en países del norte de Centroamérica y México, emprendieron el camino de vuelta hacia el sur del continente como consecuencia de las medidas de mano dura y restrictivas de países del norte del continente.

Durante este tiempo fuimos testigos, acompañamos y remitimos a personas con traumatismos emocionales y físicos -fracturas, luxaciones por caídas en las rutas-, laceraciones graves e infecciones en los pies y la piel, debido a la humedad, el calor y los hongos. Brindamos ayuda y referimos a las autoridades casos de menores de edad con enfermedades gastrointestinales agudas por consumo de agua contaminada y casos severos de deshidratación y fiebre.
La ausencia de acceso a agua segura, a lo largo de las rutas de migración por Colombia, obligó a miles al consumo de agua no tratada. Al llegar a Necoclí o Acandí, la demanda de insumos básicos de higiene como jabón, toallas sanitarias, pañales era crítica; y NRC contribuyó con la respuesta gracias a la financiación de la comunidad internacional.
Muchas familias perdieron sus documentos o agotaron sus provisiones durante su desplazamiento y fueron extorsionadas, abusadas o despojadas a la fuerza de sus pertenencias. La organización estuvo a su lado para brindarles ayuda, información y orientación legal.
Identificamos cuadros agudos de desnutrición, les brindamos apoyo y remitimos los casos a los centros de salud y a las organizaciones humanitarias especializadas en estos servicios.

Con las niñas y niños que habían interrumpido su educación implementamos actividades educativas. Creamos un espacio seguro, denominado “la madriguera itinerante”, que nos permitió acercarnos a las niñas y niños para brindarles asistencia e información. Menores de edad aprendieron a través de juegos a identificar riesgos en la ruta migratoria y a saber cómo cuidarse y prevenirlos.
Como consecuencia de la falta de albergues, miles durmieron en las calles. Robos, despojo de equipaje, documentos de identidad y recursos económicos fueron reportados a diario. La trata de personas y el tráfico elevaron alertas nacionales e internacionales. Niñas y niños separados de sus familias. Escuchamos testimonios de la violencia basada en género. La desprotección de la población fue una de las prioridades en la asistencia humanitaria de NRC. Brindamos alternativas de alojamiento seguro para las personas y familias más vulnerables y promovimos el acceso a la justicia.
En este territorio también fuimos testigos y atendimos víctimas del conflicto en Colombia, sin importar su nacionalidad. Cientos de familias desplazadas y confinadas fueron asistidas por la organización. Nuestra respuesta humanitaria salvó vidas y alivió su sufrimiento en medio de la violencia. Colombianos, refugiados y migrantes siguen siendo afectados como consecuencia del conflicto armado que continúa en esta región del país.
Finalmente, trabajamos de la mano con las comunidades de acogida y personas migrantes cuya decisión voluntaria fue permanecer en el Urabá. Reconociendo sus capacidades y labor solidaria y humana, fortalecimos sus conocimientos y espacios organizativos para que continuaran ayudando a quienes más lo necesitan en sus territorios. También trabajamos para fortalecer la cohesión y la resiliencia en el territorio, porque las comunidades de acogida fueron quienes asumieron la responsabilidad y las consecuencias de la llegada de miles de personas diarias a sus territorios.

En los últimos cinco años en este territorio, la respuesta de NRC en la subregión del Golfo de Urabá brindó asistencia a 24.213 personas a través de 34.666 servicios humanitarios.
Nuestra acción priorizó las zonas rurales y apartadas de difícil acceso, la población recibió atención directa en sectores como protección, educación en emergencias, acceso a agua y saneamiento (WASH), alojamiento temporal, protección y asistencia legal.
A través de 12 proyectos integrales ejecutados en los municipios de Turbo, Necoclí, Acandí y Unguía, nuestra respuesta entregó ayuda de emergencia y también mejoró los conocimientos de la población y de las comunidades de acogida para fortalecer los mecanismos de autoprotección. 132 líderes comunitarios y 116 mujeres fueron capacitados en la gestión de los riesgos de protección de personas refugiadas y migrantes y también de quienes son afectados por el conflicto armado.
La organización publicó 15 informes de monitoreo de protección, documentos que sirvieron como radiografía para visibilizar la situación humanitaria, los riesgos de protección y vacíos en la respuesta.
Promovimos los mercados locales para adquirir insumos y servicios directamente de comerciantes de la zona, inyectando recursos en la economía local de los municipios receptores de personas refugiadas, migrantes y víctimas del conflicto.

El proceso de transición de NRC en Urabá se ha desarrollado bajo cuatro pilares fundamentales: la transparencia en la rendición de cuentas; la participación activa e informada de la población y las autoridades; la sostenibilidad a través de la transferencia de metodologías; y la acción sin daño, asegurando una salida progresiva que mantenga la estabilidad y prevenga nuevos riesgos en las poblaciones acompañadas.

Finalmente, y como parte de este ejercicio de cierre, NRC hace un llamado sincero a los distintos actores del territorio para que se garantice la continuidad de las acciones de prevención, protección, asistencia humanitaria y soluciones que hemos contribuido a construir en el territorio.
Es vital que la institucionalidad local continúe fortaleciendo las capacidades instaladas y fortalezca las rutas de prevención, atención e incluya las iniciativas comunitarias dentro de sus planes de desarrollo y políticas públicas. Responder a sus obligaciones solo será posible haciendo un monitoreo permanente de la situación humanitaria en la subregión.
Las organizaciones comunitarias y de base, deben continuar apropiándose de las herramientas de autoprotección y ejerciendo el rol protagónico que siempre han tenido en la defensa de sus derechos.
Los actores humanitarios y de cooperación, para que mantengan una mirada atenta, flexible y solidaria sobre el Golfo de Urabá, recordando que, aun cuando las dinámicas de la movilidad humana cambien, la dignidad de las personas debe permanecer siempre en el centro de cualquier esfuerzo.
Las autoridades nacionales deben garantizar la inversión de recursos financieros en el territorio para prevenir y mejorar la situación de protección de la población. Solo su permanencia permanente en el territorio contribuirá a que los esfuerzos del territorio logren garantizar el acceso efectivo a derechos de las personas refugiadas, migrantes, víctimas del conflicto y sus comunidades de acogida.
Todos nuestros servicios son gratuitos y se implementan sin intermediarios. Bajo ninguna circunstancia el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) solicita recursos económicos o favores a cambio de la prestación de sus servicios.
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