





En Honduras, la violencia perpetrada por grupos armados provoca desplazamientos forzados.
Para Salomé*, es muy difícil explicar las razones de su desplazamiento sin llorar. Se refiere a la experiencia simplemente como «lo que nos pasó».
Es muy tímida. Pero, a pesar de todo lo que ha pasado, es capaz de sonreír cuando piensa en el futuro de sus hijos pequeños.
Salomé vivía tranquilamente en la casa donde había nacido, y junto con sus dos hijos mayores regentaba un pequeño negocio. Criaban gallinas y vendían los huevos y los pollitos que producían. Además, preparaba platos tradicionales hondureños para venderlos. Les iba bien.
Pero a veces, en Honduras, llevar un negocio puede ser peligroso. Los grupos armados amenazan y atacan a las familias que no pagan el dinero que les exigen.
Un día, mientras estaban en casa, su familia fue atacada por hombres armados. Durante ese ataque, sus hijos mayores fueron asesinados.
«Lo perdí todo, perdí mi hogar, perdí a mis hijos. Les hicieron daño a mis hijos. Ya no podía seguir viviendo allí», insiste Salomé.
Apenas había enterrado a sus hijos cuando se vio obligada a huir con sus otros tres hijos, sin nada más que la ropa que llevaban puesta. El miedo le impidió denunciar el crimen o preguntar quiénes eran los asesinos. Lo más importante era salvar su propia vida y la de sus hijos.
Se refugiaron en otra ciudad, pero, semanas más tarde, se vieron abrumados por un miedo constante. No podía deshacerse de la sensación de estar siendo perseguida, y eso la mantenía despierta por las noches. Decidió marcharse de Honduras.
El viaje a Estados Unidos fue duro para ella y para los niños: horas de caminata bajo el sol, estar encerrados durante horas en un vehículo, hambre, sed e innumerables peligros.
Sin embargo, al llegar a territorio estadounidense, la familia fue deportada a Honduras.

Para Salomé, volver a casa es imposible. Allí solo le esperan el peligro y los dolorosos recuerdos de lo que ocurrió.
«No puedo volver allí», repite. «Ahora mismo vuelvo a luchar por los tres hijos que me quedan. No ha sido fácil. Sigo adelante porque tengo a alguien por quien luchar», añade.
El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) ayudó a Salomé cuando la familia regresó a Honduras con alojamiento de emergencia, apoyo educativo para que los niños pudieran volver al colegio, orientación para mejorar sus oportunidades laborales y dinero para instalarse en una localidad lejos de donde había huido.
«A veces el miedo te invade; es como la tristeza, que también te invade. Otras veces me siento tranquila, es decir, me olvido de todo», explica Salomé.
En su nuevo hogar, ya ha puesto en marcha un pequeño negocio de venta de comestibles y, algunos días, Salomé prepara comida y donas que se venden muy bien en el barrio.
«La gente me dice que mi comida está deliciosa, que se me da bien condimentar», dice, con un ligero gesto de orgullo en el rostro.
«Mis días buenos son cuando llevo a los niños al colegio, cuando los preparo y lo dejan todo patas arriba. Me siento feliz porque, a pesar de todo, Dios me ha dado fuerzas para seguir luchando y arreglándomelas con ellos. También me siento feliz cuando salimos los cuatro a comprar suministros para el negocio», añade Salomé con optimismo.
Su sueño es que el negocio crezca para poder mejorar la calidad de vida de su familia. Recuerda a los hijos que perdió cada día con una mezcla de dolor y orgullo:
«Eran personas trabajadoras y buenas», dijo, conteniendo las lágrimas.
En cuanto a los más pequeños, simplemente espera que puedan seguir yendo al colegio y crecer seguros y protegidos en su nuevo hogar.
Honduras fue incluida en la lista de las 10 crisis de desplazamiento más olvidadas del mundo en 2025 debido a la falta de atención mediática, la financiación insuficiente y la falta de voluntad política. Esta es la cuarta vez que el país aparece en esta lista. La violencia perpetrada por grupos armados que imponen fronteras invisibles mantiene a la población en un estado de miedo y obliga a familias como la de Salomé a huir de sus hogares.
*Los nombres han sido cambiados para proteger a las personas protagonistas de la historia.
Todos nuestros servicios son gratuitos y se implementan sin intermediarios. Bajo ninguna circunstancia el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) solicita recursos económicos o favores a cambio de la prestación de sus servicios.
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