





“Oye bonita, me siento tan contento, que en el instante pienso, cómo será mañana…”, entona con voz firme, dejando que la música le conforte después de contarnos todo lo que vino tras de huir de Colombia.
Guillermo llegó a México en noviembre de 2024. “Afortunadamente pude salir con todos mis hijos y mi esposa”, dice. Y, aunque no entra en detalles, resume el motivo de su salida con una claridad que estremece: “Fuimos desplazados por la violencia en Colombia… fuimos amenazados de muerte y luego sufrí un intento de homicidio por parte de grupos armados”.
Salir fue urgente. Llegar a México, un salto hacia lo desconocido.
Como muchas personas con necesidades de protección internacional que hoy viven en la Ciudad de México, Guillermo no tenía información sobre el sistema de refugio ni sobre sus derechos. “La verdad, no sabía ni siquiera que existía COMAR”, nos cuenta.
México se ha convertido en un país de destino para cientos de miles de personas refugiadas y migrantes, y figura entre los que reciben más solicitudes de asilo en el mundo.
Desde 2025, la saturación de las oficinas de la estatal Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) se ha agravado. Tras el abrupto cierre de la aplicación estadounidense CBP One, 270 000 personas que se dirigían a ese país quedaron varadas en México sin otra vía de regularización que no fuera solicitar refugio. Esto ha provocado largas esperas y un sistema que funciona al límite de su capacidad.

En México, Guillermo y su familia enfrentaron las mismas barreras que miles de personas en búsqueda de protección: falta de información, trámites largos, filas interminables y puertas que no se abrían.
Este padre colombiano intentó iniciar su caso solo: “Me acerqué a la COMAR… hice la fila. Todo el proceso, un poco engorroso… pero, no surtió ningún efecto, porque tardamos seis meses esperando la cita y no llegaba”.
Esa espera, producto de un sistema saturado, dejó a su familia en un limbo. Sin cita, no podía solicitar refugio. Sin constancia de iniciar el trámite de refugio, no había documentos temporales que le protegieran de detenciones o deportaciones. Y sin estos documentos, acceder a empleo formal o a derechos básicos era casi imposible.
Los meses pasaban y la incertidumbre crecía. En esta situación se encuentran miles de personas. Pero, como él mismo dice: “Uno en medio de un problema siempre busca una solución”.
Fue en el consulado colombiano donde alguien le mencionó que podría recibir orientación legal. “Una funcionaria me contó que una organización humanitaria me podía ayudar”, dice. Hizo la llamada. Y ahí empezó un cambio.
Con acompañamiento legal de parte de uno de los socios de la Iniciativa ProLAC, finalmente pudo presentar su solicitud de refugio, ocho meses después de haber llegado al país.
Guillermo lo explica así: “La asesoría legal ha sido muy importante… uno como extranjero no conoce las leyes y necesita alguien que lo oriente”.

Mientras lograba iniciar el trámite, la vida en México no fue fácil. “Nos ha tocado de todo”, dice Guillermo. “Vender en la calle, vender frutas, trabajar en panaderías… lo que hay que hacer para sobrevivir”.
Sus hijos también trabajaron, pero nunca dejaron de estudiar. Hoy, ya están en la universidad. “Presentaron el examen y pasaron a la educación superior”, dice.
Ese logro solo fue posible porque la familia obtuvo la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias. Este es un documento que se debe otorgar a todas las personas solicitantes de refugio mientras espera una resolución, pero, desde 2023, solo se obtiene a través de un juicio de amparo. Por eso, sin asesoría legal, muchas personas no lo consiguen.
“Estamos en el trámite del refugio… nos dieron la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias y eso nos ha permitido el acceso a cuentas bancarias y a la universidad de mis hijos”, nos explica Guillermo. Con esta tarjeta, también es posible acceder a un empleo formal y a servicios de salud.
Mientras la familia espera respuesta a su solicitud de refugio, este documento también les protege de detenciones en México y deportaciones hacia sus países de origen, donde sus vidas pueden correr peligro. Guillermo agrega: “no hemos conseguido totalmente la regularización migratoria, pero con la tarjeta ya tenemos un marco legal, y ha sido de gran ayuda”.
En sus palabras, ese documento representa una sensación de calma después de meses estresantes.
Hoy, cuando Guillermo piensa en lo que viene, su voz cambia. “Yo veo el futuro muy bonito, lo veo prometedor, lo veo con esperanza… hemos venido de mal en mejor”, dice con convicción.
“Estamos comenzando a desarrollar un proyecto de vida que en Colombia sería imposible”.
Habla con la serenidad de quien, después de atravesar violencia, desplazamiento, trámites interminables y meses de incertidumbre, finalmente puede imaginar un mañana donde su familia y él se sientan seguros.
Cuando conversamos con Guillermo para escribir este artículo, el grupo familiar estaba a la espera de ser llamados para su entrevista de elegibilidad en la COMAR. Este es el paso que determinará si podrán obtener la protección internacional —y la residencia permanente — que necesitan para construir una vida en México.
Guillermo se mantiene muy positivo: “Pienso que irán a mejorar más las cosas, porque una de las cosas que nos ayudaría mucho sería la permanencia aquí en México”.
Y vuelve a cantar. La misma canción que lo acompaña desde siempre. La que ahora también le habla del futuro. “Me siento tan contento, que en el instante pienso, cómo será mañana…”.
Porque, como él mismo resume: “México nos ha abierto las puertas… y ahora lo veo todo bonito”.
Guillermo* no es su nombre real y ha sido cambiado para proteger su identidad y la de su familia.
Historias como la de Guillermo* no solo muestran lo que viven millones de personas en la región. También evidencian por qué es esencial contar con información confiable y sistemática. La Iniciativa ProLAC recopila datos cualitativos y cuantitativos en 11 países de América Latina para identificar riesgos de protección, visibilizar brechas en la respuesta y generar evidencia que permita mejorar la toma de decisiones humanitarias. Al comprender lo que enfrentan las personas en cada etapa del proceso, desde la salida de sus hogares hasta su integración en un nuevo lugar, ProLAC contribuye a que organizaciones, autoridades y donantes diseñen soluciones más oportunas, coordinadas y efectivas.
ProLAC es una iniciativa regional de gestión de información creada por el Consejo Danés para Refugiados y el Consejo Noruego para Refugiados (NRC), con el apoyo de la Ayuda Humanitaria de la Unión Europea. ProLAC proporciona un sistema armonizado de monitoreo de riesgos de protección que enfrentan las personas forzadas a huir y aquellas afectadas por violencia en América Latina. Para más información o para consultar el panel interactivo, visite: prolac.live
Además de DRC y NRC, las siguientes organizaciones hacen parte de la Iniciativa ProLAC:
Todos nuestros servicios son gratuitos y se implementan sin intermediarios. Bajo ninguna circunstancia el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) solicita recursos económicos o favores a cambio de la prestación de sus servicios.
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