El mañana empieza hoy
El turno en el restaurante aún no comienza, pero Paola ya está ahí, organizando las mesas con la dedicación de quien sabe que cada detalle cuenta. A sus 27 años, ha aprendido que el trabajo no es un lujo, es una posibilidad para hacer realidad sus sueños.
Paola ya no tiene que recorrer las calles preguntándose: ¿me llamarán hoy para trabajar unas horas al día? ¿cuánto dinero podré ganar hoy? Ahora ella llega a un lugar fijo, con un trabajo formal, un horario claro y la seguridad de un salario mensual.
Antes, sus días eran una búsqueda continua de trabajo. Limpiar un apartamento hoy o trabajar como mesera mañana. Cuando no la llamaban para trabajar, vendía agua en las calles para no regresar con las manos vacías a su casa. “Antes solo me pagaban al diario y no había más”, explica. Sobrevivir era su prioridad., El futuro era algo que no podía ver con claridad.
El esfuerzo de cada día
Esa incertidumbre laboral se transformaba en escasez en el comedor de su hogar, donde vive con sus dos hijas, su madre y su hermano menor. Paola cuenta con total honestidad cómo la falta de un trabajo sentenciaba lo que se comía en casa:
“Si hoy había para comer lenteja, solo se hacían lentejas. Si mañana había pollo, mañana comíamos pollo”.
Vivir así, sin saber si la próxima semana habría para comer, era una carga pesada. Cuando los recibos no esperaban y el dinero no alcanzaba para cubrir las necesidades más básicas del hogar, Paola sintió que su realidad debía cambiar.
Paola realiza la limpieza del restaurante donde trabaja antes de iniciar la jornada.
Paola realiza la limpieza del restaurante donde trabaja antes de iniciar la jornada.
Paola adecúa el espacio del restaurante donde trabaja antes de comenzar la atención al publico.
Paola adecúa el espacio del restaurante donde trabaja antes de comenzar la atención al publico.
Un nuevo rumbo
Paola conoció el programa ADN Dignidad y empezó a recibir capacitaciones para entender cómo funciona el mercado laboral formal. Ella aprendió a realizar una hoja de vida que proyectara lo que sabe hacer, practicar cómo manejarse en las entrevistas y recuperar la seguridad que la incertidumbre le había ido quitando.
Esa ruta de aprendizaje le permitió tocar puertas con otra actitud. “Fue como volver a actualizarse. Nos orientaron para que no nos cierren las puertas; nuestras actitudes, habilidades y cómo manejar una buena presentación”, cuenta.
En medio de ese proceso, recibió también un respaldo económico que le permitió cubrir los gastos más urgentes de su familia, dándole el espacio necesario para concentrarse en su formación y buscar el empleo que finalmente consiguió.
El valor de ser escuchada
Cuando Paola llegó a la entrevista en el restaurante donde hoy trabaja, ya no iba con la urgencia de quien acepta lo que sea. Iba buscando estabilidad. Tras el proceso, llegó la firma del contrato y, con ello, un cambio que resultó tan importante como su sueldo. Por primera vez, se sintió en un lugar donde su opinión es valorada.
“Se ve la diferencia cuando estás contratada y cuando solamente eres una persona que necesitaban en cierto momento. Ahora tengo los privilegios y la voz para decir: tengo esta sugerencia, podemos mejorar esto”.
Metas con base firme
Hoy, con sus hijas en la escuela y la seguridad de un pago fijo, la vida es diferente para Paola. Ya no se levanta con incertidumbre o preguntándose qué hacer para llevar alimentos a la mesa. Con lo que gana, ya puede organizar el pago de los servicios y asegurar las tres comidas de su familia. En su estómago ya no se siente un nudo apretado y amargo que resulta del estrés y una despesa vacía. Tampoco siente temor a que sus hijas enfermen sin tener un servicio de salud al cual acudir.
Esa calma le ha devuelto la capacidad de mirar hacia adelante con una sonrisa que antes le costaba encontrar. Sus sueños ya no son ideas lejanas, sino proyectos con fecha. Hoy es una empleada que trabaja con dignidad y motivación, pero en sus metas futuras aparece una cafetería propia, un lugar donde ella pueda liderar y aplicar cada lección aprendida en este camino.
Para Paola, saber que sus hijas crecen viendo a una madre que no se rinde es vital. Sabe que el bienestar de su hogar depende de su propio talento y constancia, es la certeza más grande que tiene. El futuro ya no es una incógnita, es una decisión que ella toma cada día.
“Siento que fue como volver a empezar. Las cosas sí se pueden, son muchos puntos de mi vida los que han cambiado. Llegó un punto en el que dije: sí se puede todavía, sí puedo”.
Paola junto a sus dos hijas en la sala de su casa, donde también vive con su madre y su hermano.
Paola junto a sus dos hijas en la sala de su casa, donde también vive con su madre y su hermano.
Paola junto a su hija mayor, quien cursa cuarto grado de primaria.
Paola junto a su hija mayor, quien cursa cuarto grado de primaria.
El programa ADN Dignidad brinda asistencia humanitaria a la población refugiada, migrante a integrarse en sus comunidades de acogida, priorizando el fortalecimiento de capacidades y el acompañamiento para el acceso al empleo formal como una vía para abrir puertas reales hacia la autonomía. Cuando las soluciones humanitarias se centran en promover derechos laborales y brindar herramientas, las personas logran estabilizar su presente y recuperar la confianza para proyectar su propio futuro.




