





Colombia ya se enfrentaba a severas necesidades humanitarias mucho antes del mortal terremoto del lunes. Más de nueve millones de personas —sobrevivientes del conflicto armado, refugiados, migrantes y comunidades afectadas por graves inundaciones y sequías— ya dependían de la ayuda. Aproximadamente el 10 por ciento de ellas vive en las mismas regiones que han sido más devastadas por el terremoto.
Este desastre impacta tanto a las grandes ciudades como a las comunidades rurales, pero especialmente en las zonas rurales, muchas familias ya afectadas por el conflicto lo han perdido todo una vez más.
En el municipio de El Cairo, en el occidente colombiano, la destrucción es abrumadora. La mayoría de las casas están inhabitables, ha dicho el alcalde. Muchas de las familias afectadas ya habían sido desplazadas por el conflicto. ‘Yo tenía una casa, pero la perdí cuando me vi obligado a huir del Guaviare. Me fui al Chocó y fui desplazado por segunda vez. Ahora, aquí, he perdido mi hogar por tercera vez’, dijo un sobreviviente del terremoto al equipo de NRC en El Cairo.
La recuperación ahora no se trata solamente de remover escombros. Se trata de ayudar a las familias a reconstruir lo que el terremoto destruyó, al tiempo que se honra y apoya una resiliencia que las ha sostenido a lo largo de décadas de adversidad.
Una niña o niño que acaba de ver su salón de clases destrozado no ve simplemente concreto roto. Para un menor de edad que ha sobrevivido a la guerra, una escuela es un santuario de estabilidad. Ninguna de las cuatro escuelas en El Cairo se puede utilizar hoy, pero restablecer la educación en emergencias de inmediato es fundamental para devolver una sensación de normalidad y seguridad en medio de una situación caótica.
NRC está distribuyendo colchonetas, cobijas y kits de cocina a las personas afectadas por el terremoto que permanecen en albergues en Quibdó, pero existe una necesidad urgente de escalar el apoyo. Colombia sigue siendo una de las crisis de desplazamiento más desatendidas del mundo. No podemos dar la espalda a un país sacudido por emergencias superpuestas, donde la resiliencia humana está siendo puesta a prueba hasta su límite absoluto. El gobierno y la comunidad internacional deben garantizar que la ayuda vital llegue a cada comunidad afectada, tanto ahora como a largo plazo.
Todos nuestros servicios son gratuitos y se implementan sin intermediarios. Bajo ninguna circunstancia el Consejo Noruego para Refugiados (NRC) solicita recursos económicos o favores a cambio de la prestación de sus servicios.
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