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La pesadilla de María

Publicado 20 Oct 2021
Publicado 20 Oct 2021

A sus 19 años, María* no se imaginó que debería convertirse en la madre de sus nueve hermanos. Sus padres fueron asesinados y el conflicto armado la obliga a ella y a la comunidad indígena Embera Dobidá a la que pertenece a estar confinados. Esta situación la viven más de veinte comunidades rurales en Chocó, Colombia.  

María* vive a la orilla de uno de los tantos ríos del departamento del Chocó, en el occidente de Colombia. Para llegar a su comunidad se necesitan nueve horas de viaje por río desde la zona urbana más cercana.  

Las comunidades de estos territorios remotos viven en medio del conflicto armado, el hambre y el constante temor. 

Hace más de un año, veintiún comunidades indígenas y dos afrocolombianas se encuentran confinadas; son más de 3.700 personas encerradas en sus territorios sin acceso a alimento, salud o educación, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). 

Encerrados en su propio territorio 

“Mis hermanos lloran seguido porque tienen hambre” dice María* en el poco español que sabe. Ella recuerda que sus padres iban a los cultivos de pan coger alejados de la comunidad y de allí traían alimento para toda la familia.  

Pero a principios del 2021, ambos fueron asesinados, uno después del otro, dejando huérfanos a ocho niñas y niños de los que María es la mayor. “Solo nos queda un plátano y una bolsa de harina” dice ella, sin saber cómo alimentará a sus hermanos. 

La vida de las comunidades indígenas depende de dos fuentes: el río y la tierra, pero ahora caminar o navegar pone en riesgo su vida. La tierra tiene minas antipersonales sembradas en los caminos y los grupos armados amenazan a quienes transitan los ríos hacia sus cultivos. 

“Nosotros queremos estar tranquilos, queremos volver a los cultivos para no pasar hambre” dijo Yenesia, una mujer Embera Dobidá que como las demás, ha sido amenazada de ser abusadas físicamente si transitan lejos de su comunidad. 

En estas comunidades confinadas, las mujeres viven en constante zozobra “nosotras tenemos miedo de caminar en el monte, ahora ya no podemos caminar solas” señaló una maestra indígena quien no pudo volver a las aulas de clase; sus estudiantes dejaron de recibir sus enseñanzas.  

Las personas de la comunidad prefieren hablar poco, la cámara les asusta y hablan en voz baja aun estando dentro de su mismo territorio. 

Inundados 

En abril, las fuertes lluvias provocaron el desbordamiento de los ríos y las inundaciones arrasaron con hectáreas de cultivos que eran la fuente de alimento de comunidades como las de María.  

El agua causó daños en muchas casas y la corriente se llevó colchones, cobijas, cubiertos, alimentos y otras pertenencias de los hogares.  

Ante las afectaciones de las inundaciones y el miedo de transitar hacia sus cultivos de pan coger ocasionado por los grupos armados, las comunidades optaron por reducir su alimento a máximo dos comidas por día.  

“Yo les doy poca comida para que alcance, a veces he tenido que aguantar para darles a mis hijos”, cuenta una madre de la comunidad.  

Afectación en cuerpo y mente 

La falta de alimento afecta la salud de las personas y en especial la de los niños y niñas “mis hijos se enferman mucho, tienen vómitos, alergias y diarreas” señaló una madre indígena.  

Las afectaciones no son solo físicas, también son psicológicas. La inseguridad y escasez genera ansiedad en la población incluyendo a niñas y niños que son completamente consientes de la situación de su pueblo.  

“Los estudiantes a veces vienen preocupados a mi casa y me preguntan ‘¿qué vamos a hacer con lo que está pasando?” cuenta un maestro Embera que confiesa que no encuentra respuestas y que al igual que sus alumnos dice “yo sueño con que algún día volvamos a estar tranquilos como vivíamos antes”. 

La esperanza está en la unidad 

“Cuando sentimos mucho miedo nos reunimos toda la comunidad en la escuela, ahí estamos más seguros” dice uno de los hombres Embera que explica que, ante el temor de la comunidad y las dificultades, deciden permanecer en unidad.  

Estar juntos es la forma que encontraron para protegerse de los grupos armados y sobrellevan la escasez con ollas comunitarias, también se acompañan en pequeños grupos para buscar alimento y se organizan para la distribución de asistencia humanitaria. 

En medio de las dificultades, sus lazos como comunidad son fuertes.  

Nuestra asistencia 

Luego de cinco años de la firma del acuerdo de paz en Colombia se esperaría no encontrar historias como las de María y su comunidad. Sin embargo, las necesidades ocasionadas por el conflicto armado y los desastres naturales continúan especialmente en aquellas comunidades remotas que son difíciles de alcanzar.   

Desde agosto de este año y gracias a la financiación de la Agencia Sueca de Cooperación y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega llegamos a la comunidad de María y a otras catorce comunidades más para brindar alivio en medio del confinamiento.   

Como Consejo Noruego para Refugiados – NRC hemos cruzado varias veces los ríos del Chocó para facilitar alimentos e implementos de cocina a las familias confinadas al igual que información legal sobre derechos como víctimas del conflicto armado.  

Hemos capacitado a docentes para que puedan enseñar comportamientos seguros a sus estudiantes en medio del confinamiento y facilitado cuadernos, colores y libros para que los niños y niñas continúen aprendiendo. 

A pesar del alivio brindado, María, sus hermanos y el resto de las comunidades afectadas por conflicto armado siguen anhelando una solución que les permita vivir y crecer a salvo en su territorio.

EN DESARROLLO: A la publicación de esta nota, se recibieron reportes del desplazamiento de comunidades como las de María en el territorio debido al conflicto armado en la zona.   

*Nota: el nombre ha sido cambiado por motivos de protección. 

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